La idea de que el vino blanco solo acompaña al pescado y el tinto a la carne quedó atrás. En los últimos años, sommeliers y chefs han comenzado a romper las reglas, creando combinaciones que sorprenden tanto al paladar como a la mente.
Hoy se habla de maridajes emocionales, donde se busca armonía no solo entre sabores, sino entre texturas, aromas y sensaciones. Por ejemplo, un rosado afrutado puede potenciar un sushi fresco, un espumoso seco realzar los contrastes de una tabla de quesos artesanales, y un tinto joven acompañar con elegancia una ensalada tibia con frutas o platos vegetarianos.
Además, las experiencias de maridaje se han convertido en eventos sociales donde se aprende, se experimenta y se disfruta. Ya no se trata de seguir reglas rígidas, sino de descubrir el equilibrio que más conecte con cada persona.
Marina Sommelier invita a sus estudiantes a experimentar con libertad, a desarrollar su propio criterio sensorial y a comprender que el vino es un arte vivo, en constante evolución. Aprender a maridar es aprender a sentir.ut labore et dolore magnam aliquam quaerat voluptatem.
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